La decadencia del running pitiuso

Artículo de opinión

DANI BECERRA | Para encontrar la respuesta a la baja participación que adolecen las carreras populares de las Pitiusas, debemos remontarnos a los orígenes del boom de este deporte. A principios de 2011 eclosionó en Ibiza la conocida fiebre del running, un fenómeno social que logró vestir de corto a casi todo el mundo. Tras este estallido, comenzaron a proliferar todo tipo de carreras dejando tras de sí un enorme abanico de competiciones sin precedente alguno.

Durante los cuatro años siguientes, la pasión por correr insufló la burbuja del running hasta límites insospechados. Casi cada fin de semana se disputaba una carrera en las Pitiusas con récord de participación. Daba igual cómo, cuándo y dónde; centenares de runners acudían en masa a cualquier propuesta atlética y los medios de comunicación se hacían eco de ello.

En medio de esta locura colectiva, los precios de las inscripciones se encarecieron y muchas competiciones comenzaron a ofertar varias distancias para captar así a un mayor número de corredores. Sin duda alguna, fueron días de vino y rosas para cualquier negocio relacionado con este deporte. Pero como todo lo que empieza tiene un final, en 2015 el auge del running tocó techo y a partir de entonces comenzó un descenso progresivo en cuanto a participación.

A partir de entonces, la euforia por este deporte se fue apaciguando y la bolsa de corredores pitiusos se redujo año tras año de manera considerable. Pero ajenos a esta tendencia, ayuntamientos y organizadores mantuvieron el calendario insular intacto, lleno de competiciones amontonadas sin ningún tipo de criterio ni consenso. De esta forma, el gas que fue perdiendo el atletismo popular comenzó a reflejarse en las clasificaciones de todas las competiciones, las cuales decrecieron drásticamente con respecto a otros años.

Tanto es así, que en lo que va de año hemos observado que algunas pruebas a duras penas han logrado reunir a un centenar de participantes, algo impensable hace unos años. Otro ejemplo flagrante lo hemos visto recientemente en la emblemática Cursa de Passeig a Passeig, una competición que en 2014 y 2015 acabaron más de 500 deportistas y que en última edición tan sólo lo hicieron algo más de 250. Con estos mimbres, cabe aseverar que el número de corredores que sobrevivió a la moda de calzarse unas zapatillas actualmente no da para alimentar a tanta competición junta. Y digo junta, porque no creo que para revertir esta dinámica haya que reducir el número de carreras. En las Pitiusas tenemos un número razonable de pruebas durante el año, que sin embargo, en mi opinión, están muy mal aprovechadas por culpa de una pésima distribución.

Por ello, si queremos recuperar un poco de la esencia y el ambiente lúdico-festivo que se ha perdido en este tipo de pruebas, ayuntamientos y clubes deben consensuar un calendario que vaya en beneficio de todos. Un mejor reparto de las competiciones no sólo favorecería la participación en general, sino que también facilitaría la contratación de los servicios sanitarios, de seguridad o de voluntariado que requiere cada evento deportivo.

Momento de una competición.

Momento de una competición.

Etiquetas: Ibicencos

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